Opinión

Redondo al cuadrado

El exjefe de Gabinete de Sánchez ha sido con toda probabilidad el asesor de poder más lesivo para este país desde el Duque de Lerma

  • Pedro Sánchez con Iván Redondo, en una imagen de archivo -

Iván Redondo se muestra dispuesto a despeñarse de nuevo por el barranco, pero esta vez con contrato de futbolista fichado por los saudíes, sin integrarse en organigrama alguno y libre de tutelar equipos que ayuden a Pedro Sánchez, vía Ferraz, a estirar la agonía de la legislatura.

Pese a las muchas señales emitidas por el pelotón de investidura que simulan la activación del modo campaña, desde Sumar a Podemos y desde Junts al PNV, el presidente del Gobierno sigue en la idea de un superdomingo electoral, allá por 2027, a que encaramarse sobre una pira de cadáveres políticos susceptibles de recobrar una segunda vida en el momento que el presidente del Gobierno lo estime oportuno: cuando le venga bien.    

Algunas de esas figuras acaban de ingresar en ese congelador donde se arrumban trayectorias sin que medie una explicación precisa. Es el caso de María Jesús Montero, que abrochará este fin de semana su destierro andaluz disfrazado de proclamación, que es en realidad un castigo impuesto porque, desde su retiro de hombre enamorado, Sánchez la notó más contenta de la cuenta en aquellos días del pasado abril. 

Redondo, otro de esos zombies, ha sido con toda probabilidad el asesor de poder más lesivo para este país desde el Duque de Lerma. Como bien ha relatado en este periódico Javier Portillo, "está deseando volver" tras haber expelido en artículos y conferencias su despecho hacia un partido, el PSOE, que identifica con su caída en 2021 y para el que, paradójicamente, ahora va a trabajar por voluntad de quien concibe las relaciones personales en función de su utilidad.

Durante su atropelladora etapa monclovita, el exjefe de Gabinete del presidente del Gobierno contribuyó a transformar el paradigma del poder en España al servicio de la futilidad de su intérprete, Sánchez, mediante la introducción de una infame doctrina woke incorporada de los laboratorios de ideas de las universidades del cínico este norteamericano en el que el relativismo moral inocula hasta los actos más pedestres.

Por qué Sánchez vuelve a reclutar a Redondo, que no obstante no ha dejado de susurrar al oído, engarza con lo de siempre: la vanidad y el oportunismo del presidente del Gobierno, más su empeño en compararse con Franco en términos de baraka

Esta doctrina tuvo reflejos inocuos, como la mamandurria inaugural de El Aquarius, pero también consecuencias dramáticas, como la ley del sí es sí, y operó sobre todo una subversión de la verdad en beneficio del mensaje, como dio cuenta el Ejecutivo durante la pandemia con una gestión política obscena nunca depurada pero que siempre habrá de pesar en la conciencia de sus responsables.

Por qué Sánchez vuelve a reclutar a Redondo, que no obstante no ha dejado de susurrar al oído, engarza con lo de siempre: la vanidad y el oportunismo del presidente del Gobierno, más su empeño en compararse con Franco en términos de baraka.

La verdad es que al sanchismo se le ha puesto la cosa de cara. La escapada del presidente de la Internacional Socialista se localiza sobre el tablero geoestratégico que Trump agita a patadas, y lo de oficiar de paladín contra la ola reaccionaria en forma de injerencia yanqui hace fortuna en la sociedad española desde mucho antes de que Zapatero optara por desairar la bandera de los Estados Unidos: los españoles preferirán siempre el salón decadente europeo frente a un concierto de música country al que solo están dispuestos a asistir los militantes y simpatizantes de Vox.

Una forma, al menos sobre el papel, eficaz de ampliar el espectro demoscópico con la que tapar de paso los escándalos que cercan al Gobierno en que la estrategia líquida del valido ejercería de combustible.

Aunque lo mismo acaban gripando.

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