Steve Jobs es conocido por haber sido uno de los mayores magnates de los negocios del mundo. En el momento de su muerte, su riqueza fue valorada en 8300 millones de dólares según la lista Forbes, cifras que lo situaban en el puesto número 110 de la lista de grandes fortunas del mundo. Pero las ideas del cofundador de Apple no coinciden con las de todo el mundo: la Generación Z tiene un concepto muy distinto del trabajo al que manejaba el estadounidense.
Son muchos los que se preguntan cuáles son las claves para amasar tal cantidad de dinero, y entre los hábitos de trabajo de Jobs se encontraba el de la puntualidad. Así, son varias las anécdotas que algunos cuentan haber vivido junto al empresario por este motivo, como el retraso puntual de su secretaria. Ella, tras explicarle que su coche se había averiado, recibió un regalo de lo más inesperado por parte del magnate: un Jaguar. Eso sí, acompañado de un sagaz comentario, "aquí tienes, no llegues tarde nunca más".
Los hábitos de la Generación Z
Ya son varios los estudios realizados a los nacidos entre los años 1997 y 2012, y todos coinciden en lo mismo: los hábitos de estos jóvenes en el ámbito laboral son muy distintos a los de anteriores generaciones. Así, Steve Jobs habría tenido problemas al hablar de puntualidad, pues ellos la entienden de forma completamente distinta. Para la Generación Z, llegar diez minutos después de lo acordado no cuenta como retraso, y sigue estando dentro de lo considerado como "ser puntual".
En este aspecto la brecha generacional es más que notable. Por su parte, los Millenials -nacidos entre 1981 y 1997- tampoco están cómodos con la impuntualidad, de hecho, según un estudio un 39% de los encuestados no están dispuestos a perdonar un retraso de diez minutos. La permisividad con este tipo de actitudes se agrava según aumenta el rango de edad: el 70% de los 'baby boomers' no muestra ninguna comprensión con los retrasos.
Finalmente, es importante recalcar que estas actitudes también influyen en el comportamiento de las empresas. Cada vez son más las que ofrecen un horario flexible, y todo ello con un mismo objetivo: mejorar la conciliación laboral con la personal. De esta manera, los jóvenes también se muestran más individualistas, conscientes de sus derechos laborales, y menos predispuestos a hacer horas extra o coger llamadas y responder mensajes fuera del horario laboral.
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