España

Los veinte minutos de espera del jefe de la Casa del Rey, entre decenas de personas que insultaban a Pedro Sánchez

Camilo Villarino, con el móvil pegado en la mano y cerca de su escolta, esperó pacientemente la llegada de su vehículo entre la ciudadanía

  • Villarino, con el móvil en la mano, en la Carrera de San Jerónimo -

Es una de las personas que atesora más poder de España. La mano derecha del Rey. Pero también un hombre profundamente discreto, con una larga carrera militar y diplomática a sus espaldas, y a la vez prácticamente desconocido.

Camilo Villarino, jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, aguardaba este viernes al mediodía en la acera de la Carrera de San Jerónimo a que llegase su vehículo como uno más. Rodeado de decenas de personas que increpaban a las distintas autoridades políticas que habían participado en los actos de conmemoración del 46 aniversario de la Constitución.

Durante casi veinte minutos, bajo la mirada de su escolta, y con el móvil pegado en la mano, el que fuera también jefe de gabinete del ex alto representante de la Unión Europea para la política exterior, Josep Borrell, esperaba pacientemente que le vinieran a recoger.

Mientras, el resto de cargos políticos presentes en el acto abandonaban el Congreso de los Diputados directamente en coches que salían del garaje con los vehículos tintados. De hecho, ningún alto cargo del Gobierno se esperó, como hizo Camilo Villarino, en los exteriores del parlamento mientras permanecían allí un pequeño grupo de personas que proferían insultos a las autoridades.

Con la férrea disciplina militar, de todos aquellos que han pasado por la Academia General de Zaragoza, como hizo en su día Villarino, aunque ahora esté en la reserva, la mano derecha del jefe del Estado aguantó todos los improperios dirigidos principalmente hacia el presidente del Gobierno sin levantar una sola ceja. Consciente de que el malestar del pueblo es cada vez más notorio, y eso se nota en las calles y en días como el de ayer, pero que, como bien recordó Felipe VI durante la accidentada visita a Paiporta, vivimos en una democracia que emana de la voluntad del parlamento.

Ese gesto de esperar de pie, sin llamar la atención, escuchando en primera persona el sentir de una parte de la ciudadanía, también dice muchas cosas del hombre que más secretos guarda del Palacio de la Zarzuela y que en más ocasiones puede susurrar a la oreja al Rey.

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